LIMA.- Ante la violencia sexual contra menores, el Estado debe proteger, prevenir y actuar. Pero combatir el abuso no puede convertirse en una excusa para relegar a los padres en la educación de sus propios hijos.
La violencia sexual contra niños y adolescentes es una tragedia que exige respuestas firmes. Nadie puede permanecer indiferente frente a esta realidad.
Pero precisamente por la gravedad del problema debemos atrevernos a formular preguntas incómodas:
¿Realmente estamos haciendo todo lo necesario para proteger a nuestros niños? ¿O estamos utilizando el drama del abuso para justificar una determinada visión de la educación sexual?
La discusión no puede limitarse a exigir que los colegios impartan más educación sexual. La verdadera discusión debe ser qué se enseña, cómo se enseña, a qué edad, con qué materiales, bajo qué enfoque y quién supervisa esos contenidos.
LOS PADRES NO PUEDEN SER CONSIDERADOS UN OBSTÁCULO Resulta preocupante que, en nombre de la educación y la prevención, pueda terminarse relegando a quienes tienen la primera responsabilidad en la formación de sus hijos: los padres. La escuela puede y debe colaborar con las familias, pero no puede reemplazarlas.
Los padres tienen derecho a conocer los contenidos que reciben sus hijos, participar en su formación y expresar legítimamente sus preocupaciones cuando consideran que determinados enfoques o materiales no corresponden a la edad o etapa de desarrollo de sus hijos.
Excluir a los padres del debate no fortalece la protección de la infancia. La debilita.
CONTRA EL ABUSO, PREVENCIÓN REAL Si realmente queremos proteger a nuestros niños, necesitamos mucho más que discursos.
Necesitamos docentes capacitados para detectar señales de abuso; protocolos eficaces; canales de denuncia accesibles y seguros; atención psicológica especializada; acompañamiento a las víctimas; investigación rápida de los casos y sanciones efectivas para los agresores.
Y, sobre todo, necesitamos enseñar a los niños —de manera apropiada a su edad— a reconocer situaciones peligrosas, establecer límites, pedir ayuda y comprender que nadie tiene derecho a vulnerar su integridad.
Eso es prevención. Eso es protección. Eso es poner a nuestros hijos primero.
EDUCACIÓN SÍ, IMPOSICIÓN NO
Defender una educación responsable no significa negar la importancia de informar a niños y adolescentes.
Significa exigir que esa educación sea apropiada para su edad, transparente, basada en evidencia y respetuosa del papel fundamental de la familia.
El Perú necesita dejar atrás las falsas dicotomías.No se trata de elegir entre educación o protección.
Se trata de educar para proteger, proteger sin ideologizar y trabajar con las familias, no contra ellas.
Porque cuando hablamos de nuestros niños, ninguna agenda, ninguna institución y ninguna política pública debería estar por encima de su bienestar.
Nuestros hijos no son un experimento. Nuestros hijos no son propiedad del Estado.
Nuestros hijos tienen derecho a ser protegidos y sus padres tienen derecho a participar en su formación.
El Perú necesita dejar atrás las falsas dicotomías.No se trata de elegir entre educación o protección.
Se trata de educar para proteger, proteger sin ideologizar y trabajar con las familias, no contra ellas.
Porque cuando hablamos de nuestros niños, ninguna agenda, ninguna institución y ninguna política pública debería estar por encima de su bienestar.
Nuestros hijos no son un experimento. Nuestros hijos no son propiedad del Estado.
Nuestros hijos tienen derecho a ser protegidos y sus padres tienen derecho a participar en su formación.





