Washington, D.C. – Valerie Huber, presidenta y directora ejecutiva del Instituto para la Salud de la Mujer y exfuncionaria del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, plantea la creación de un “Core Group” internacional provida y profamilia dentro de los espacios multilaterales de las Naciones Unidas.
La propuesta busca fortalecer la coordinación entre países que comparten compromisos relacionados con la defensa de la vida, la familia y la soberanía nacional. Huber sostiene que ya existe una base para esta iniciativa: la Declaración de Consenso de Ginebra, suscrita inicialmente en 2020.
Según Huber, actualmente 41 naciones, que representan aproximadamente 2.000 millones de personas, forman parte de esta coalición, con Estados Unidos ejerciendo actualmente la secretaría. Los países participantes son diversos en materia religiosa, cultural y económica, pero coinciden en cuatro compromisos: mejorar la salud de mujeres y niñas, afirmar que no existe un derecho internacional al aborto, fortalecer a la familia como unidad fundamental de la sociedad y defender la soberanía de cada nación para establecer sus propias políticas sanitarias.
La iniciativa pretende convertir esos compromisos compartidos en una estrategia diplomática coordinada, especialmente durante las negociaciones internacionales. Huber considera que una actuación conjunta permitiría a los países defender sus posiciones con mayor preparación y evitar que cada nación tenga que afrontar individualmente las presiones en los organismos multilaterales.
La propuesta también contempla el marco denominado Protego, orientado a trasladar los compromisos del Consenso de Ginebra a cuatro áreas: salud, educación, derecho y diplomacia. Entre las acciones planteadas figuran consultas previas entre los países, posiciones comunes, declaraciones conjuntas y preparación coordinada antes de negociaciones bilaterales y multilaterales.
Huber considera que el momento es oportuno para avanzar, argumentando que la coalición ya existe y que el desafío principal ahora es transformar ese consenso en una coordinación política y diplomática sostenida.
La propuesta podría marcar un nuevo escenario en los debates internacionales sobre vida, familia y políticas públicas, al buscar una mayor articulación entre los Estados que comparten estos principios.





