FRANCIA. — Un nuevo caso ocurrido en Francia ha reavivado el debate internacional sobre los límites entre la ética médica, la competencia profesional y las exigencias ideológicas en el sistema de salud.
El ginecólogo Victor Acharian, con consulta en la ciudad de Pau, fue sancionado por el Conseil de l’Ordre des Médecins de Nueva Aquitania con seis meses de suspensión, de los cuales cinco quedaron en suspenso y uno efectivo, tras negarse a atender a una persona transgénero.
El médico argumentó que su negativa no obedecía a discriminación, sino a que no cuenta con la formación ni la competencia médica para atender a pacientes biológicamente masculinos, ya que su práctica profesional está dirigida exclusivamente a mujeres biológicas. Sin embargo, una reseña publicada en Google por el entorno del paciente y la posterior respuesta del doctor —que se viralizó en redes sociales— desencadenaron una fuerte reacción mediática y la intervención del organismo regulador.
Diversas asociaciones de derechos humanos calificaron el hecho como un acto de discriminación hacia personas trans, mientras que otros sectores advierten que la sanción impuesta sienta un precedente preocupante, al castigar a un profesional de la salud por actuar conforme a su criterio médico y a los límites de su especialidad.
Especialistas y analistas señalan que este caso pone en tensión principios fundamentales:
La libertad de conciencia y de ejercicio profesional del médico
La seguridad del paciente y la correcta praxis médica
El riesgo de que la ideología se imponga sobre la ciencia y la biología en el ámbito sanitario.
El debate ya no se limita a Francia, sino que se proyecta a nivel internacional, especialmente en países donde se discuten leyes sobre identidad de género, objeción de conciencia y responsabilidades éticas del personal de salud.
Este caso plantea una pregunta central para las democracias modernas: ¿Debe un médico ser sancionado por negarse a ejercer fuera de su competencia profesional?
El debate ya no se limita a Francia, sino que se proyecta a nivel internacional, especialmente en países donde se discuten leyes sobre identidad de género, objeción de conciencia y responsabilidades éticas del personal de salud.
Este caso plantea una pregunta central para las democracias modernas: ¿Debe un médico ser sancionado por negarse a ejercer fuera de su competencia profesional?


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