LIMA.- Tras sus últimas encuestas, ha generado muchas dudas en más de una persona. Una vez más, las encuestadoras intentan dirigir el voto hacia candidatos de izquierda, progresistas y globalistas para promover la agenda LGBTQ+ y de género, tal como lo hicieron en 2021.
En cada proceso electoral, las encuestadoras se presentan como actores clave en la formación de la opinión pública. Se las presenta como herramientas técnicas, objetivas y científicas, capaces de reflejar el sentir de la ciudadanía. Sin embargo, tras sus últimos resultados, han surgido nuevamente dudas legítimas: ¿realmente informan... o también buscan influir? No es la primera vez que surge este debate en Perú.
Durante las elecciones de 2021, amplios sectores de la población cuestionaron la precisión de varias encuestas, señalando que no lograron captar el crecimiento real de ciertos candidatos ni el comportamiento del llamado "voto oculto". Hoy, a las puertas de un nuevo proceso electoral, las sospechas resurgen con fuerza.
Muchos ciudadanos perciben que ciertas encuestadoras no solo miden tendencias, sino que, directa o indirectamente, terminan dirigiendo el voto.
Al posicionar constantemente a ciertos candidatos en los primeros puestos, se genera un efecto psicológico en el electorado: el llamado "voto útil", donde el ciudadano deja de lado sus convicciones para apoyar a quien "parece tener más opciones".
Esta situación se vuelve aún más delicada cuando se trata de temas fundamentales que dividen a la sociedad, como la defensa de la vida, la familia o la postura contra las agendas ideológicas contemporáneas.
Para un sector importante del país, no es casualidad que algunos candidatos alineados con corrientes progresistas o globalistas aparezcan repetidamente favorecidos en ciertas encuestas.
Sin embargo, es necesario hacer una aclaración responsable: no todas las encuestadoras actúan de la misma manera.
Existen empresas serias, con metodologías claras y transparentes. Pero también es cierto que la falta de confianza pública crece cuando no se explica adecuadamente cómo se realizan los estudios, quién los financia y cuáles son sus márgenes de error.
El problema fundamental no es la existencia de encuestas, sino el uso que se les da y la forma en que se interpretan. Cuando se presentan como verdades absolutas y no como lo que realmente son —una imagen efímera—, se corre el riesgo de distorsionar la voluntad popular.
Por lo tanto, se insta a la prudencia y al discernimiento. Los ciudadanos no deben dejarse influir únicamente por cifras o tendencias mediáticas. Su voto debe responder a convicciones, principios y una evaluación consciente de las propuestas de cada candidato.
En una democracia sólida, la decisión final no debe recaer en las encuestas, sino en un pueblo informado y libre.
Por: Carlos Linares C.
Movimiento Nacional Pro Familia


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