Reikiavik, Islandia. — El sacerdote Jakob Rolland, figura vinculada a la Iglesia Católica en Islandia, está siendo investigado por la policía tras sus declaraciones sobre la necesidad de un «cambio de mentalidad» en las personas con atracción por el mismo sexo, un proceso que, según él, debe ser acompañado espiritualmente por la Iglesia.
El caso ha generado controversia debido a la legislación vigente en el país. En 2023, Islandia aprobó una ley que prohíbe cualquier forma de terapia de conversión sexual, incluidas las prácticas que buscan cambiar la orientación o identidad de las personas.
Rolland ha defendido su postura señalando que sus acciones no constituyen terapia, sino un acompañamiento espiritual voluntario basado en la doctrina católica. Como indicó, su enfoque se limita al ámbito religioso y no implica coerción.
Sin embargo, organizaciones y activistas en defensa de los derechos de las personas homosexuales han cuestionado esta posición. Argumentan que condicionar el acceso a sacramentos como la Eucaristía a la renuncia a la identidad sexual podría constituir una forma de presión o «terapia de supresión», lo cual estaría prohibido por ley.
Por su parte, el sacerdote ha manifestado no temer las consecuencias legales, reiterando que la enseñanza de la Iglesia sobre el pecado, la conversión y la vida moral es innegociable.
Este caso pone de relieve la creciente tensión en Islandia entre el ejercicio de la libertad religiosa y la aplicación de las normativas destinadas a proteger a las minorías sexuales. El debate cobra especial relevancia en una de las sociedades más secularizadas de Europa, donde, paradójicamente, el catolicismo ha experimentado un aumento de fieles, sobre todo entre los jóvenes.


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