viernes, 23 de enero de 2015

Psicólogo comenta terapias para dejar la homosexualidad y le inhabilitan

ITALIA.- Ejerce como psicólogo desde hace treinta años. Está especializado en psicoterapia cognitiva del comportamiento, tiene siete especializaciones universitarias y tres masters, ha escrito ensayos y ha impartido clases de la materia a la que ha dedicado toda su vida.

Pero según la Junta del Colegio de Psicólogos de Lombardía (norte de Italia) habría lagunas en sus conocimientos científicos, tan graves que le hacen merecedor de una condena a tres meses de suspensión.

Apenas se formalice el acto no podrá trabajar y tendrá que cancelar de todas las páginas web la publicidad de su estudio.

La víctima de esta medida es Paolo Zucconi, de 64 años, casado, dos hijos, nacido en Udine pero con el estudio en Milán, en el barrio de Loreto.

¿Su culpa? Haber osado responder el 19 de julio de 2013, en la página web ´guida psicologi.it´, a un visitante que había preguntado, no se sabe si ingenuamente, «¿Es posible dejar de ser homosexual?».

Zucconi articula su respuesta citando los protocolos de la terapia cognitivo-comportamental utilizada desde hace tiempo con éxito en los Estados Unidos, pero también en Europa, y explica que «cuando una persona nota un evidente malestar en su comportamiento sexual», es posible recurrir a estas terapias.

Un colega napolitano pidió inmediatamente su rectificación y lo denunció al Colegio de Psicólogos. Los psicólogos de Lombardia presentaron la denuncia y después de un ´proceso deontológico´ que se llevó a cabo en Milán el pasado 11 de diciembre le anunciaron el castigo: tres meses sin trabajar.

Zucconi relata que durante el proceso, ante quince de sus colegas, sintió una gran hostilidad ideológica: «Todo parecía ya organizado de antemano. Fui sometido a un largo interrogatorio, todo él basado en la eficacia de las denominadas ´terapias reparativas´. Yo me limité a citar la literatura científica sobre el tema, pero afirmé que no he tenido nunca ocasión de experimentar su eficacia. Ciertamente, admití que si un paciente me pidiera ayuda, examinaría el caso y no me negaría a ayudarlo».

Probablemente, dice, es la frase que causó la sanción. ´Suspendido´.

La unanimidad del pensamiento único, cuando se habla de identidad sexual, no acepta discusiones. El terapeuta que se desvía, aunque sólo sea en línea de principio, es criminalizado y sancionado.

El presidente del Colegio de Psicólogos de Lombardia, Riccardo Bettiga, rechaza sin embargo cualquier intención persecutoria y sostiene que todo se ha desarrollado de manera regular. Se niega a entrar en mérito del caso - aún en itinere y por tanto, según él, todavía bajo secreto - y explica que el juicio estuvo limitado a los aspectos deontológicos de la profesión. Y, en relación a las terapias reparativas, confirma cuanto está declarado en la página web profesional, es decir, que «el Colegio de Psicólogos de Lombardia defiende la libertad de los terapeutas de explorar sin posiciones prejudiciales la orientación sexual de los propios clientes, señalando que cualquier corriente psicoterapeutica cuyo objetivo sea condicionar a los propios clientes hacia la heterosexualidad o la homosexualidad es contraria a la deontologia profesional».

Intachable, cuando se trata de ´condicionar´. ¿Pero y si es el propio paciente el que pide ayuda? ¿Y si declara vivir con malestar la propia esfera identitaria y quiere verificar las posibilidades de eliminar el origen del problema? En este caso, ¿serían lícitas las ´terapias reparativas´?

Preguntas que parecen estar destinadas a permanecer sin respuesta, porque la cuestión no gusta, es embarazosa, políticamente incorrecta. El especialista que afronta el tema corre el riesgo de acabar siendo investigado.

A este propósito es necesario recordar que ya en el pasado, al menos en dos casos, el Colegio de Psicólogos de Lombardia tomó medidas disciplinarias contra terapeutas que acogían a pacientes que vivían mal la propia homosexualidad.

Otro procedimiento de este tipo está en marcha en el Colegio de Psicólogos de Toscana. Y es bien conocido el fuego cruzado que se desencadenó en 2008 contra Tonino Cantelmi, presidente de los psiquiatras católicos por haber sostenido la oportunidad de afrontar desde el punto de vista terapéutico el ´malestar homosexual´. También en aquel caso el lobby supo moverse de manera inmediata y compacta, con todo el armamento deontológico – e ideológico – del caso.

Porque toda la cuestión, según cuanto refieren los especialistas que se han ocupado del tema, parece fundarse sobre un equívoco enorme. La ´terapia reparativa´ no pretende de ninguna manera ´reparar´ la homosexualidad, como fingen creer los extremistas de la sexualidad alegre y feliz; sino ocuparse en cambio de ´reparar´ la herida originaria en la relación con el padre que, según algunos estudiosos, estaría en el origen de los trastornos de la identidad sexual.

¿Tesis discutible? Muy bien, pues que se discuta entonces, que se abran los debates, que se dé la palabra a los defensores de una u otra posición.

En cambio, en 2010, una deliberación de la orden nacional de los psicólogos [italianos] prohibió sic et simpliciter recurrir a la ´terapia reparativa´, con un silogismo que – según no pocos psicólogos – traza una premisa y llega a dictar una conclusión apodíctica sin demostrar nada.

Cuando se trata de la subjetividad de la psique – observan los especialistas – no puede existir un ´pensamiento único´ y es necesario preguntarse al mismo tiempo a qué cientificidad se hace referencia cuando se habla de ciencia humanas.

¿Cómo se puede hablar de cientificidad en campo psicológico, por ejemplo, cuando hay no pocos médicos que se niegan a considerar ´científica´ la psicoterapia?Preguntas legítimas frente a unas medidas disciplinarias como las infligidas a Paolo Zucconi.

Pero también con referencia al debate, totalmente ideológico, que se ha desencadenado con ocasión del congreso sobre la familia promovido por la Región [de Lombardia, ndt].

El caso del psicólogo ´castigado´ tal vez nos ayude a comprender mejor cuál es el ´pensamiento único´ que sopla sobre el fuego de ciertas cuestiones pretendiendo imponer una visión sobre la que se prohíbe discutir, so pena de acabar en el banco de los acusados.

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