viernes, 26 de febrero de 2016

Iván Slocovich: "Acuña esta en agonía, ni la renuncia lo limpiará"

LIMA.- Pocas veces en el Perú se ha visto un comunicado tan contundente y lapidario como el que ha emitido el Tribunal de Honor del Pacto Ético Electoral contra César Acuña, al considerar que el candidato presidencial de Alianza Para el Progreso (APP) “no tiene la idoneidad ética” para ejercer el cargo al que postula, algo que en cualquier parte del mundo debería ser suficiente para sepultar la carrera política del aludido.

Es lamentable que en respuesta a esto, lejos de tratar de aclarar las denuncias contra su alicaído líder, APP haya reaccionado como lo ha hecho desde los años en que Acuña era alcalde de Trujillo: acusó a los incómodos de ser apristas. Lo mismo hizo Marisol Espinoza semanas atrás al señalar que el profesor Otoniel Alvarado, víctima de un burdo robo del contenido de un libro, también era hombre de Alfonso Ugarte, algo sobre lo que no hay una sola evidencia.

Cuando era yo director de Correo La Libertad y Acuña el alcalde de Trujillo, cada vez que publicábamos una información incómoda a la gestión del burgomaestre, sus adulones y empleados salían con la cantaleta de que éramos apristas. Es una lástima que ahora que se supone que APP ha pasado a las ligas mayores al competir por la presidencia siga actuando de una manera tan infantil e impropia de una agrupación que algún día pudo aspirar a llegar a Palacio de Gobierno.

Y mientras Acuña es descalificado moralmente por un ente que él mismo ha reconocido como válido, es lamentable ver a sus escuderos. Ahí están Fernando Andrade, Edwin Donayre, Anel Townsend, Luis Iberico, César Villanueva y hasta Isaac Mekler. Los dos últimos parece que ya están con un pie afuera, aunque ya están lo suficientemente chamuscados como para que puedan lavarse la cara con una renuncia que debió darse hace mucho tiempo.

Acuña y su postulación están contra las cuerdas solo por las infracciones y delitos de su propio candidato presidencial, quien creyó que con su viveza y su plata como cancha podría hacer lo que le dé la gana pare llegar a ser gobernante del Perú. El hombre se equivocó al subestimar a los peruanos, al creer que le iban a perdonar sus plagios y demás bajo el argumento de que “me quieren porque soy cholo como ellos” o “porque soy el candidato de los pobres”. Puro cuento.

Iván Slocovich

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